dilluns, 10 de desembre de 2012

POLAROID


Sacándole el polvo a la polaroid, la saqué del armario para hacer unas fotos en una gymcama. Así que llegué al Rafel con la vieja cámara en la mochila y nos dispusimos a probarla con los parroquianos del bar. Hicimos fotos a todos con el carrete caducado que llevava sus años cagado en la cámara.

Cada foto era una incógnita y una diversión. Que saldría, que pasaría. Casi tenía olvidada la emoción de ir viendo la imagen que va apareciendo poco a poco, no como en los modernos carretes de polaroid que han de estar a oscuras.



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